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La marsellesa
Lo que menos te esperas, te levanta
Este post ha nacido con el título puesto y ya engloba todo el wisdom, apúntatelo: La marsellesa te levanta.
A mí me levantó del sofá y a ti te tendría que levantar de la silla.
Cuando suena la marsellesa, así como de repente, total e inesperadamente.
Te doy un poco de contexto que a veces soy muy bruta con estas intros…
Son les festes de SANTA TECLA en Tarragona y las actividades de folkclore inundan nuestras calles.
Es sábado por la mañana y llevo unos días en letargo -porque he estado indispuesta- cuando oigo, no muy lejos, los petardazos del Ball de Diables que parece que están por mi calle o muy cerca.
Estoy repanchingada en mi sofá rojo y no levanto ni una ceja. El festín de reels está siendo goloso y esa película que pasa por la calle ya la he visto mil veces, pienso.
Y de pronto, suena ¡LA MARSELLESA!
A todo pulmón. De los pulmones de las docenas de músicos de la Banda Sinfónica Municipal… ¡Oh! ¡les enfants de la patrie!
Y en casa nos decimos también a grito pelado, ¿¿¿¿però què és això… ¡LA MARSELLESA!????
¿A qué viene esto ahora?
Tienen algo los himnos bien diseñados que te arrancan del estupor y te conmueven hasta las fibras más lentas de la musculatura.
Me levanto de un salto y, ahora sí, miro por el balcón.
¿Els diables de pasacalle acompañados de la banda municipal? WTF, ¡qué combinación más marciana!
Me enfundo ropa ligera y mi sombrerito de paja y salto a la calle. Parezco una turista, me dicen.
En menos de 5 minutos paso a estar en modo ON festivo-participativa.
¡Alegría, milagro!
🙂 Y me fui un rato con la masa festiva, a acompañar a los músicos y a los infernales... Me encanta el olor de pólvora por la mañana y ¡queda realmente bien con los pasodobles!
Y ahora estarás pensando que qué hace esta historieta teclera digna de un nudo.
¿A que sí?
Pues es que es experiencia viva de que el poder de la comunicación de influencia es éste:
Contagiar. Activar. Empujar. Transformar estados de ánimo. Y hacer pasar a alguien de la pasividad más absoluta al entusiasmo compartido.
Es decir que comunicar nunca es decir, enviar, informar, reportar… y mucho menos aburrir.
Cada comunicación aburrida es una oportunidad perdida.
Las más de las veces el secreto de una buena comunicación está en lo que no se esperan.
En lo bizarro está la alegría seductora que te invita a probar cosas nuevas, a estrenar un nuevo pensamiento y a probar cómo te sentaría una idea fresca y un poco irreverente.
Que cómo puedes llevar la marsellesa a tu trabajo, ¿dices?
Ya. Pues no sé, tú verás; habría que pensarlo. Todo dependerá de ti y de tu contexto; y más aún del contexto de tu audiencia.
Piensa un poco en qué esperan de ti y lánzate con algo completamente diferente.
Nos encanta que nos sorprendan, en el fondo. When they zig, zag.
Si me hubieran tocado otra cosa no sé si habría levantado el culo del sofá. Pero el contraste con lo esperable y la realidad implacable creó el escenario perfecto en mi cabeza para darme cuenta de que hacía una mañana bonita, el aire era fresco, en la calle había buen ambiente y me apetecía bajarme a ver a esos músicos chiflados que seguían a unos diables y se merecen más público.
Es un poco como lo de Think Different de la ya clásica campaña de Apple. Es que hay que volver siempre a los clásicos.
Porque pensar diferente siempre es una posibilidad. Siempre puedes pensar en algo más. Sorprender.
Cuando te veas sin salidas -y yo lo voy a hacer-, cántales la marsellesa y verás como saltan de alegría.
Visca la festa!
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